¡Gracias a todos y todas!

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Las últimas semanas en la vida de estos papis han estado marcadas por la típica celebración de babyshower o lo que a la tica se conoce como “té de canastilla”. Esta celebración, tal y como yo la siento, es básicamente una suma de buenos deseos y vibras para el nuevo miembro de la familia, aderezada con regalos varios que ayudarán al bebé y a sus papis a dar los primeros pasos de su historia en común. Para mí, como mamá de Mariana, también ha sido una bonita carga de energía para afrontar el tramo final de este viaje que, como buena primeriza, veo acercarse con algunos miedos y temores…

Babyshower los hay de todos los colores, pero Ramón y yo hemos intentado huir de ciertos convencionalismos para hacer de este un momento simplemente para compartir con familia y amigos y para que nuestra Mariana sienta el calor y la fuerza del mundo exterior que la espera.

Sin embargo, hay momentos del babyshower, como la apertura de los regalos en frente de la “audiencia invitada”,  que hacen aflorar toda la timidez… que se contrapone con la alegría interior que uno siente de sentirse tan querido y regalado.

Gracias a todos y todas… ¡esperamos poderles devolver tanto cariño!

 

Mariana

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Finalmente, será mujer… El pasado lunes 28 de noviembre ya pudimos ver a Mariana… nuestra niña…  Mariana será una niña con suerte… por lo menos tendrá más suerte que otras niñas que nacen en lugares del planeta donde no se desea que nazcan mujeres o se ruega para que sean varones… Es cierto que, por el hecho de ser mujer, tendrá que superar muchas barreras, miedos, prejuicios y herencias del pasado que realmente todavía siguen muy vigentes… Sin embargo, eso nos enorgullece y ahí estaremos para educarla lo mejor posible en la igualdad y brindarle todo nuestro amor y apoyo…

¿la dulce espera…?

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Hace días que no escribo nada y vamos a ver si nos ponemos al día…

Los últimos días he pasado de algunos agobios que me hacían dudar de la tan utilizada expresión “la dulce espera” a sentirme mucho más tranquila y centrada…

Llegué a dudar de eso que llaman “la dulce espera” por varias razones. En primer lugar, los temas laborales. Si no te van a sustituir en tu trabajo y si tienes una posición de cierta responsabilidad, prepárate para dejarlo todo listo y organizado, cierra contratos, abre otros, finaliza procesos, deja todo escrito… vive una auténtica maratón para poder marcharte tranquila de la oficina… Debo confesar que esto me ha generado cierto estrés… Por otro lado, siempre tienes presente la vuelta… y el pensar que algunos desearían que tomaras la decisión de no regresar…

Por otro lado, prepárate físicamente para el parto… Estos meses me he esforzado mucho en hacer deporte: el yoga para embarazadas de los lunes en la noche, la piscina, las caminatas en la máquina del gimnasio… (a falta de la posibilidad real de caminar largo rato de otra manera)… todo para estar lista para el gran momento… me gusta, pero hay que ponerle mucha voluntad y a veces con la pancita cuesta mucho más…

Por otro lado (otro más y esto ya es un polígono irregular), la alimentación. Intentar comer y alimentarme lo mejor posible, de forma saludable y sin excesos y con un gran complejo de culpa si no como lo adecuado o si me doy caprichos o atracones… menos mal que alguien, en gran solidaridad con las embarazadas, inventó el concepto del antojo…

Finalmente, piensa en todo lo que necesitas para el bebé y visualiza tu nueva vida… Piensa en qué guardería le tendrás que dejar después de tan solo 4 meses en tus brazos, piensa en todas las cosas “que quizás no necesitas pero en las que esta sociedad te obliga a pensar”… y al final te saldrá un largo suspiro…

Ah, y a todo eso suma el decirle a la gente cerca de 10 veces al día que todavía no sabes el sexo de tu bebé (este asunto en concreto da para otro post…).

Con todas estas cosas y muchas más… hay días que paso muchas horas fuera de casa con plena actividad, así que esa imagen de mujeres en pleno estado de gracia esperando a su bebé no me cuadra demasiado… es un poco novelesca…

Pensándolo muy bien, lo de la dulce espera puede llegar a ser bastante relativo… Sin embargo, cada vez más intento “echar pafuera” estos asuntos y simplemente disfrutar de lo más importante… esa nueva vida creciendo en mí, abriéndose paso y ajena a todas las neurosis de su mamá…  Como dice mi profesora de yoga, ese ser de luz que me eligió para ser su guía en este mundo…

Embarazada en LA

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Creo que un mismo hecho puede ser tan diferente de unos lugares a otros que merece la pena sentarse a reflexionar sobre ello…  Con mis 4 meses de experiencia en esto de la prematernidad, puedo afirmar que es bonito tener panza en estos lares, es decir, en América Latina, lo que me lleva a pensar en ocasiones que sería bonito estar embarazada algún tiempo más del reglamentario… los consabidos nueve meses.

Algunos ejemplos prácticos ilustran esta tesis que es producto más de la observación y vivencia empírica que de sesudos estudios o análisis. Por ejemplo, todo el mundo te mira y te sonríe, en especial las mujeres, de hecho, sobre todo las mujeres. El caso de los hombres merecería consideración y discusión aparte ya que el pelaje particular de la raza masculina da lugar a diferentes actitudes… Todas las mujeres “tienen que ver con uno” (como dicen por aquí…). A poco que te conozcan, se paran a saludarte, acarician tu panza/barriga, repiten una y mil veces ¡qué bendición! y rememoran con gran dulzura y entusiasmo otros tiempos en los que ellas se encontraron en la misma situación, que si ellas sentían un pececito flotando en el estómago, que si el hipo del bebé en la panza… y mil anécdotas más.

Teniendo en cuenta el estado de exceso hormonal en el que me encuentro (como dice una amiga a la que se me ocurrió decir el otro día que la quiero… “las hormonas te están matando”) todo ello me provoca una grata sensación de armonía y de flotar en las nubes de la maternidad… y, por supuesto, aleja los miedos e inseguridades (que también los tengo y algunos días en cantidades industriales).

Definitivamente, me gusta sentirme así y creo que las embarazadas dan una nueva cara de alegría al mundo a su alrededor. Ser portadora de un estado que hace despertar este sentimiento me hace feliz.